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Invertir en Arte – ¿Una buena idea?

Invertir en arte se ha popularizado en los últimos años, gracias al auge de las inversiones alternativas. Sus defensores destacan su elevado rendimiento histórico. Pero, ¿es realmente una buena idea invertir en arte?

Contenido

Introducción

La llegada de los tipos de interés ultra bajos tras la crisis económica que empezó en 2008 llevó a la popularización de las inversiones alternativas. Entre ellas destacan los inmuebles, de siempre muy populares en España, y los fondos de capital riesgo.

No obstante, también han aparecido nichos de inversión como el arte, los artículos coleccionables, los coches clásicos o incluso el whisky.

Esto se debe a que se han creado empresas que se dedican a comercializar este tipo de inversiones. Y sus campañas de marketing se han hecho notar.

Estas empresas nos permiten comprar y vender, mediante aplicaciones online, fracciones de obras de arte por parte de artistas famosos. Por ejemplo, podemos invertir en una fracción de un cuadro de Picasso. Una de ellas es MasterWorks (enlace no patrocinado).

Entre las cosas que nos prometen destacan los altos rendimientos históricos y la baja correlación con otras clases de activos.

La correlación es un indicador que mide la intensidad con la que dos activos suben o bajan de forma conjunta. Una baja correlación es buena ya que, si estamos perdiendo dinero en un activo, nuestro otro activo puede estar consiguiendo mejores resultados.

En principio, altos rendimientos y baja correlación suenan como una proposición muy atractiva. Pero no hay garantía de que lo que ha ocurrido en el pasado vuelva a ocurrir en el futuro, por lo que debemos ser cuidadosos.

A continuación, hacemos un análisis detallado de las cosas a tener en cuenta al decidir si vale la pena invertir en arte.

Poca transparencia

Si queremos saber a qué precio cotiza Apple, Nike, Nestlé, una onza de oro o Bitcoin, tan solo tenemos que ir a Google y buscarlo. Hay millones de páginas web y aplicaciones donde podemos encontrar tal información. En otras palabras: estos mercados gozan de mucha transparencia.

La transparencia es normalmente buena, ya que hace que todo el mundo tenga acceso a los mismos datos. De tal forma que no hay inversores que se puedan aprovechar de la falta de información de otros.

Sin embargo, ¿a qué precio cotiza una determinada obra de arte por parte de Monet? Nadie nos lo puede decir a ciencia cierta.

Existen expertos que se dedican a tasar obras de arte. Pero esas tasaciones no dejan de ser estimaciones. El precio final puede ser mayor o menor. De hecho, cuando hay subastas, el precio queda fijado por la persona que ha estado dispuesta a pagar más dinero.

Pero eso no significa que ese precio sea “objetivo”. Tan solo es lo que una persona quiso pagar. Y por esa lógica no hay ninguna garantía de que esa persona sería capaz de vender al mismo precio si quisiera. A fin de cuentas, ella fue la que ofreció más por la obra de arte.

Y si la falta de transparencia afecta a los expertos del sector del arte, y a sus inversores más expertos, imagina cómo nos puede afectar a nosotros que sabemos muy poco sobre el tema.

Esto puede hacer que compremos a precios muy por encima de lo que sería recomendable. O que vendamos a precios demasiado bajos. Para nada algo deseable.

No se trata de un activo productivo

Cuando decidimos comprar un activo, tenemos la opción de elegir entre uno productivo y uno no productivo.

Los activos productivos son aquellos que producen cosas. Las empresas producen bienes y servicios, y por lo tanto pueden conseguir beneficios. Los inmuebles pueden ser usados como viviendas o negocios, por lo que consiguen rendimientos. Pero cosas como el oro, las criptomonedas y el arte no producen nada.

En principio, no hay nada malo en comprar activos no productivos. Simplemente debemos ser conscientes de ello.

En general, los activos no productivos no producen ningún tipo de cash flow. Es decir, no nos pagan dividendos, ni intereses ni alquileres. A menudo, incluso nos cuestan algo de dinero, si tenemos que pagar a alguien para que nos los proteja. Por ejemplo, una obra de arte millonaria.

Eso significa que la única forma en la que podemos ganar dinero si invertimos en arte es vendiéndolo por un precio más alto que el que pagamos por ello.

Eso puede ocurrir. Pero no tiene por qué ser así. Así que cuidado a la hora de invertir en arte. Tan solo conseguiremos rentabilidad positiva si llegan inversores dispuestos a pagar aún más por esas obras de arte.

Menos liquidez que en otras inversiones

La liquidez es un concepto que muchos inversores no logran entender del todo. Aunque es algo muy simple.

Se trata de lo fácil que es convertir un activo en dinero, de tal forma que podamos usar ese dinero para otra cosa. Las acciones suelen ser activos muy líquidos: podemos vender en cuestión de segundos, ya que existen millones de inversores activos en ese mercado, a precios totalmente transparentes y sacar el dinero de la cuenta de forma rápida.

Pero si tenemos un inmueble, la liquidez es mucho menor. Vamos a tardar semanas en encontrar un comprador, al haber muchos menos, y llevar a cabo todos los trámites legales. O, si queremos acelerar el proceso, vamos a tener que vender a un precio menor del de mercado. Por eso mismo los inmuebles tienen, en general, poca liquidez.

Lo mismo puede ocurrir en el mundo del arte. Se trata de un nicho en cuanto a la inversión se refiere. Por lo que puede ser difícil encontrar compradores dispuestos a pagar un precio “justo” por nuestros activos. Especialmente en momentos de crisis económica o financiera, cuando nuestra necesidad por liquidez puede ser mayor.

Eso puede causar que nuestro rendimiento acabe siendo mucho más pobre de lo que nos habíamos imaginado.

Coste de oportunidad

Prácticamente todas las cosas que hacemos en esta vida tienen un coste de oportunidad. Y lo mismo es válido para las empresas y los gobiernos. Aunque muchos gobiernos intenten convencernos de que los costes de oportunidad no tienen nada que ver con ellos.

El coste de oportunidad nos indica que, si hacemos una cosa, no vamos a poder hacer otra. O podremos hacer menos de esa otra cosa. Eso es de sentido común.

Si trabajamos mucho, tendremos menos tiempo para descansar. Si leemos mucho, tendremos menos tiempo para ver la televisión. Si gastamos mucho dinero, tendremos menos dinero para invertir. Y si invertimos en arte, tendremos menos dinero para invertir en otras cosas.

Así pues, a la hora de decidir si quieres invertir en arte, pregúntate lo siguiente: ¿en qué otras cosas podrías invertir con ese dinero? ¿es realmente el arte la mejor inversión disponible ahora mismo?

Piensa que podrías estar comprando acciones, fondos ETF, pisos, casas, oro, plata, criptodivisas, o simplemente manteniendo ese capital en liquidez, disponible en todo momento para cuando lo necesites.

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Publicado en Aprende a invertir

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