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¿Habrá inflación o deflación?

La aparición del coronavirus ha puesto a la mitad de la economía mundial en el congelador. Eso ha causado la mayor recesión de la historia moderna, si bien ésta debería ser de corta duración. Ante tal situación, los gobiernos y bancos centrales han decidido endeudarse de forma masiva y reducir los tipos de interés a niveles aún más bajos. Vayamos a analizar si en el futuro habrá inflación o deflación. Veremos por qué ambos escenarios son posibles y cuáles serían sus consecuencias.

La deflación es la caída generalizada de los precios, y puede afectar a los bienes de consumo y a los activos, como los bienes inmobiliarios o los mercados bursátiles. El mayor riesgo de la deflación, sin embargo, es que hace que el endeudamiento de los ciudadanos, las empresas y los estados se vea magnificado, puesto que deben asumir las mismas deudas con menores volúmenes de negocio, menores ingresos y precios de sus activos reducidos.

En el mundo en el que vivimos, en el que los niveles de endeudamiento por parte de todos los agentes económicos están en máximos históricos, la deflación supone una gran amenaza para un alto porcentaje de la población.

Por el otro lado, la inflación es la subida generalizada de los precios en la economía, y también suele afectar a los activos. Una inflación elevada también puede presentar problemas muy graves. Por un lado, el coste de la vida aumenta, afectando a todos los sectores de la población, pero afectando con más fuerza a las capas bajas, que son las que suelen gastar la mayor parte de sus ingresos en cosas esenciales. Por este motivo, la inflación empobrece a la población. Esto puede llevar a huelgas y parones de la producción, reduciendo el crecimiento y causando aún más inflación.

Al mismo tiempo, la inflación elevada destruye el valor de los ahorros. Esto afecta especialmente a las clases medias, que son las que suelen tener ahorros en el banco, de nuevo empobreciendo a la población.

En casos extremos la inflación puede desembocar en hiperinflación, donde el valor de la moneda cae a niveles ínfimos, destruyendo su poder de compra. Tal escenario lleva a una masacre económica, al empobrecimiento masivo de grandes capas de la población, la desaparición de todos los ahorros y todas las deudas, y la pérdida de confianza total en la moneda, con lo que de facto se empiezan a usar divisas extranjeras, metales preciosos u otros objetos como moneda de intercambio.
Así pues, vayamos a analizar si habrá inflación o deflación.

Fuerzas deflacionarias

En la actualidad hay sin duda muchísimas presiones deflacionarias. De hecho, el único motivo por el cual ha habido inflación y recuperación de los precios inmobiliarios desde la crisis financiera anterior, es que los bancos centrales han reducido los tipos de interés a mínimos históricos, y los estados se han dedicado a endeudarse de forma masiva, inyectando cantidades ingentes de nuevo dinero en la economía.

Dejando de lado los muchos efectos perniciosos que tales políticas han acarreado, no hay duda de que han conseguido evitar la deflación. No obstante, vayamos a ver las presiones deflacionarias de la economía actual:

1) Niveles de endeudamiento muy elevados:

Una economía con altos niveles de endeudamiento tiende a dedicar un gran porcentaje de sus ingresos a servir o devolver deuda. Además, empresas o ciudadanos con mucha deuda son lógicamente reticentes a endeudarse todavía más.
Imaginémonos a un ciudadano con una hipoteca grande y otras deudas. Sin duda alguien así va a querer quitarse de encima parte de esa deuda. Sobre todo si atravesamos periodos de incertidumbre económica.

2) Población envejecida:

Éste es, sin lugar a dudas, el factor más ignorado al analizar la economía. Una demografía envejecida ejerce una fuerte presión deflacionista. Esto se debe a que la gente mayor consume muchísimo menos que la población activa. El principal motivo para esto son hábitos de consumo distintos y no el nivel económico. A fin de cuentas, resulta lógico que alguien de 40 años sea más propenso a consumir que alguien de 80 años. El continuo envejecimiento de la población seguirá contribuyendo a las presiones deflacionistas.

3) Globalización:

Los incrementos de productividad experimentados en muchos mercados emergentes  y el incremento de los flujos de transporte han servido para que muchos productos se hayan abaratado notablemente en las últimas décadas, sobre todo artículos como la electrónica, la ropa, o productos del hogar. Tal tendencia probablemente continuará en el futuro.

4) Bajos tipos de interés:

Por último, empieza a haber evidencia de que los tipos de interés tan bajos, cuyo objetivo oficial es combatir la deflación, precisamente ayudan a causarla. Esto se debe a que, por un lado, facilitan el endeudamiento de la sociedad, que acaba siendo una fuerza deflacionaria, y a que hace que los ahorradores sean mucho menos propensos a gastar ahora que ya no reciben ningún tipo de interés, con lo cual sus ingresos se ven disminuidos.

Fuerzas inflacionarias

Las fuerzas inflacionarias vienen de los programas de endeudamiento, rescate y estímulo masivos. Éstos se están llevando a cabo por parte de los gobiernos y los bancos centrales desde la crisis financiera de 2008, y que se han visto incrementados en 2020. Éstos han expandido la masa monetaria de forma desmesurada, lo cual significa que la cantidad de dinero en la economía es muchísimo más elevada de lo que había sido en ningún momento de nuestra historia.

Veamos un ejemplo real: la deuda del gobierno norteamericano a mediados del año 2000 era de unos 5,5 billones de dólares (trillions en inglés). A mediados de 2008, antes de la crisis financiera, la cifra era de 10 billones. A mediados de 2016, medio año antes de la elección de Donald Trump como presidente, la deuda se situaba en 19,5 billones. Y a mayo de 2020 la deuda ya era de 25,5 billones.

Como podemos ver, Estados Unidos se ha endeudado en los últimos 20 años 4 veces lo que se había endeudado en toda su historia hasta el año 2000. Por si esto fuera poco, una proporción muy elevada de esta nueva deuda ha sido comprada por la Reserva Federal, el banco central norteamericano, con dinero recién imprimido, aumentando la cantidad de dólares en la economía.

Algo muy parecido ha ocurrido en Europa a lo largo de los últimos anos. La expansión de la deuda de los países ha sido financiada por los bancos centrales. En el caso de la zona euro, el responsable ha sido el BCE.

¿Por qué no ha llegado aún la inflación?

El principal motivo por el que la inflación no se ha descontrolado en los últimos años (si bien ha propiciado la creación de burbujas inmobiliarias alrededor del mundo) ha sido porque el dinero ha dejado de circular por la economía, y simplemente se ha quedado parado.

No obstante, el  grado de estímulos, endeudamiento y creación de dinero desde el inicio de la pandemia es mucho mayor que del que hay desde la crisis financiera de 2008, lo que puede llevar a que la gente empiece a querer quitarse de encima su dinero al ver que lo están creando en cantidades ilimitadas, cuando a los políticos y a las instituciones les plazca.

Esto puede provocar una fuerte inflación, forzando a los países a imprimir todavía más para ajustar sus pagos al nuevo nivel de precios, causando aún más inflación y convirtiéndose en un círculo vicioso de precios cada vez más altos.

Como puedes ver, es difícil saber si habrá inflación o deflación. Lo importante es que estés preparado.
Si quieres saber cómo puedes ajustar tus inversiones para escenarios de deflación e inflación, puedes echar un vistazo a este artículo: Inflación o deflación – ¿dónde invertir?

Publicado en Economía Invertir

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