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El apartheid de tipos de interés y la desigualdad

El sistema monetario actual, en el que los bancos centrales juegan un rol central, puede ser definido como un apartheid de tipos de interés. Y las consecuencias sociales y económicas son muy graves: mayor desigualdad y menor movilidad social.

Antes que nada, me gustaría aclarar algo: los tipos de interés nunca han sido los mismos para todo el mundo. Tradicionalmente, aquellos que tenían menor riesgo crediticio y eran más solventes, gozaban de tipos de interés menores. Y eso influía en aspectos sociales y económicos.

Sin embargo, la situación monetaria que vivimos desde hace algo más de una década ha redefinido numerosos aspectos de nuestra realidad. Esto ha venido de la mano de los bancos centrales y sus intervenciones masivas. Las consecuencias están siendo devastadoras. Y el proceso, en lugar de revertirse, no hace más que intensificarse con cada año que pasa.

Qué efecto tenían los tipos de interés históricamente

La lógica de los tipos de interés es que son menores para aquellos deudores más solventes. Tiene su lógica. Si le prestas tu dinero a una empresa con muy poca deuda y muchos activos, la probabilidad de perder el dinero es muy baja, por lo que te conformarás con un interés bajo.

Por el contrario, si se trata de una empresa altamente endeudada y con mala gestión, vas a exigir un tipo de interés muy elevado, ya que la probabilidad de sufrir pérdidas es mucho mayor.

De alguna forma podemos decir que, gracias a la lógica de los tipos de interés, el sistema incentiva no endeudarse demasiado, ahorrar y hacer las cosas bien. Al mismo tiempo, el sistema desincentiva el endeudamiento excesivo y la falta de planificación.

Como consecuencia, ciudadanos, empresas y gobiernos solían estar motivados a hacer las cosas bien. De lo contrario acabarían pagando mayores intereses, e incluso podrían perder sus activos en caso de verse incapaces de devolver esas deudas.

Qué cambió a partir de la crisis de 2008

La crisis de 2008 fue una crisis de exceso de deuda. Se había prestado demasiado dinero a gente y empresas incapaces de devolver ese dinero. Y eso desembocó en una ola de quiebras y una dura recesión.

El problema es que desinflar una burbuja es un proceso lento y doloroso. Es necesario para purgar los excesos y desequilibrios del sistema. Pero va de la mano de un aumento del paro, de pérdidas para inversores y empresas, y de menores ingresos fiscales para los gobiernos.

Por estos motivos, los gobiernos y bancos centrales decidieron que lo mejor sería no tener que pasar por ese proceso. El problema es que la única forma de evitarlo era inflando de nuevo la burbuja.

Con este objetivo en mente, gobiernos y bancos centrales decidieron empezar a imprimir dinero, aumentar el gasto público, rescatar al sector bancario, bajar los tipos de interés a mínimos históricos, volver a potenciar el endeudamiento de ciudadanos y empresas, volver a inflar las burbujas inmobiliarias que se habían creado, así como el valor de los mercados bursátiles.

Todos conocemos los resultados obtenidos. El paro se redujo y el crecimiento económico mejoró, aunque de forma bastante decepcionante. La pregunta que nos debemos hacer es, ¿mereció la pena?

Mucha gente tiene trabajo, pero el coste de la vida (inflación) se ha disparado. La mayor parte de la población es incapaz de comprar una vivienda. Y la desigualdad económica ha aumentado de forma dramática.

¿Por qué ocurre eso?

La impresión monetaria masiva hace que el dinero existente pierda valor. Hay más dinero para el mismo número de cosas, con lo que la inflación se dispara.

Al mismo tiempo, la reducción de los tipos de interés también hace que el dinero se devalúe. El tipo de interés es el precio del dinero. Si lo reduces, es más barato pedir dinero prestado. Eso hace que el crédito se expanda, y que la cantidad de dinero existente aumente, haciendo que el dinero previamente existente pierda valor.

Por este motivo, debido a que el dinero ahora vale menos, los activos valen más. Eso lleva a un aumento de los precios inmobiliarios, las bolsas, el oro y otros activos, como coches de colección. La gente intenta deshacerse del dinero y adquirir activos. Y eso afecta de forma distinta a la gente.

Los mayores beneficiados son aquellos que tienen mucha deuda, que ven el valor de esa deuda disminuir. Ahí hay que destacar, sin ningún tipo de dudas, a los gobiernos.

En cuanto a las distintas clases sociales, aquellos que tienen solamente salarios y ahorros acaban más pobres. Su nivel de vida y riqueza depende del valor del dinero. Alguien que dependa de su trabajo seguramente verá cómo su salario aumenta con la inflación. Sin embargo, la inflación no incluye los precios inmobiliarios y suele estar calculada a la baja, por lo que su poder adquisitivo va a caer.

Por el contrario, los ricos tienen muy poco dinero. Los ricos saben que el dinero puede perder valor en cualquier momento, por lo que ellos prefieren tener activos: inmuebles, empresas, acciones, oro, commodities, etc. Si el dinero pierde valor, esos activos subirán de precio y ellos no se verán afectados. Seguirán poseyendo los mismos activos.

Como puedes ver, los tipos de interés ultra bajos y la expansión de la masa monetaria aumentan la desigualdad, a base de hacer a las clases media y baja más pobres.

El apartheid de tipos de interés explicado

Veamos, pues, qué aspecto tiene el apartheid de tipos de interés en el que vivimos. Voy a usar cuatro categorías distintas, pero, como te puedes imaginar, hay muchos más niveles intermedios. Lo importante es que seas capaz de identificar de qué forma los distintos tipos de interés y el acceso al crédito benefician o afectan a los distintos colectivos:

1) Gobiernos

Éstos son los grandes beneficiados del apartheid de tipos de interés. Resulta lógico, ya que son ellos los que lo han creado. Actualmente los gobiernos son capaces de ampliar el gasto público todo lo que quieran. Ya no hace falta controlar el déficit. De hecho, cuanta más deuda tengan, menores intereses pagarán por ella, gracias a los bancos centrales.

Estados Unidos, con su deuda gigantesca, paga actualmente intereses irrisorios, por no decir casi inexistentes. Lo mismo se puede decir del Reino Unido. Los países de la zona euro incluso gozan de intereses negativos en muchos casos, a pesar de que el estado de sus cuentas públicas es lamentable.

Eso significa que el poder de los políticos para comprar votos es ahora mayor que nunca. Ya no hay necesidad de gastar bien el dinero. Eso también significa que algunos ciudadanos también se benefician, aquellos cuyo voto está siendo comprado. Se trata de aquellos que cobran desproporcionadamente de un estado quebrado, ya que, de ajustarse los presupuestos a la realidad, sus ingresos serían menores.

2) Grandes empresas

En segundo lugar, encontramos a las grandes empresas. Éstas tienen acceso a los mercados de capitales. Por lo tanto, son capaces de emitir deuda a tipos de interés muy bajos, debido a que los inversores, por comparación con los bonos gubernamentales, compran esos bonos corporativos. De hecho, los bancos centrales también compran deuda corporativa. En teoría con el objetivo de estimular la economía.

El año pasado LVMH (Louis Vuitton), cuyo máximo accionista es el hombre más rico de Francia, emitió deuda a tipos negativos para absorber a Tiffany en Estados Unidos. Lo insultante es que el BCE fue uno de los compradores de esa deuda. Ya sabes, parte de los estímulos para ayudar a la economía.

La deuda barata permite a las grandes empresas endeudarse para expandir su negocio a costa de comprar empresas más pequeñas, repartir mayores dividendos y hacer autocartera (share buybacks) para aumentar el precio de sus propias acciones. Como consecuencia, el nivel actual de deuda corporativa es el mayor que se ha visto en la historia.

3) Trabajadores con ingresos decentes

En el siguiente escalafón encontramos a los trabajadores con ingresos decentes. Son los que ganan lo suficiente como para cualificar para una hipoteca. Y, como te puedes imaginar, los tipos hipotecarios son muy bajos hoy en día.

A pesar de que podamos pensar que la gente de este grupo es afortunada, nada más lejos de la realidad. Los bajos tipos hipotecarios se han traducido en mayores precios de la vivienda. Eso se traduce en que esa gente puede aspirar a viviendas peores de las que hubiera podido aspirar hace unas décadas estando en la misma posición social.

intereses hipotecarios

En este grupo encontramos a la clase media. Sus mayores dificultades hacen que la movilidad social sea mucho más difícil. Por lo que se desincentiva el progreso económico individual y el trabajo duro.

4) Trabajadores con ingresos bajos

En el escalafón más bajo encontramos a los trabajadores con ingresos bajos. Ellos son las mayores víctimas del apartheid de tipos de interés. Son los que nunca podrán aspirar a tener una vivienda propia, ya que nadie les concederá una hipoteca. Se ven forzados a pagar alquiler toda su vida. En muchos casos, alquileres que han subido muchísimo en los últimos años.

Si quieren acceder a algún tipo de financiación, van a tener que pagar tipos de interés muy elevados. Algunos ejemplos serían la compra de un coche a intereses del 8-10% anual o las tarjetas de crédito.

Este grupo también ve muy dificultada la movilidad social. De hecho, una de las grandes amenazas en este sentido es que los trabajadores con bajos ingresos no viven mucho mejor que aquellos que viven de forma permanente a costa del estado gracias a los generosos programas sociales.

Tales medidas pueden desincentivar el trabajo, reforzando aún más la tendencia negativa. Menos ingresos fiscales, mayores gastos públicos, menos crecimiento económico, etc.

Conclusión

Como has podido ver, vivimos en un apartheid de tipos de interés muy real. No lo podemos ver directamente, pero podemos ver sus consecuencias. Probablemente lo más triste es ver cómo los políticos son capaces de convencer a los ciudadanos que se ven afectados por tales políticas de que tales políticas les benefician.

De hecho, muchos de los afectados son los que a menudo culpan al capitalismo. Sin embargo, un sistema monetario corrupto al servicio de los gobiernos, y que afecta desproporcionalmente a aquellos que generan riqueza, no tiene nada que ver con el capitalismo. Le podemos llamar comunismo para las élites, fascismo, amiguismo o, como dicen los americanos, cronyism.

Debemos apoyar un sistema capitalista de verdad. Un sistema que incentive aquellas cosas que son positivas tanto para el individuo como para la sociedad. Donde las buenas decisiones se vean recompensadas y las malas tengan sus consecuencias.

Un sistema capitalista debe permitir que aquellos que generan riqueza con su dedicación, tiempo y capital, sean los que reciben la mayor parte de esos frutos. Debemos motivar a la gente a emprender, trabajar, ahorrar e invertir.

Y al mismo tiempo, no podemos permitir que el sobreendeudamiento sea algo que se vea recompensado. Ni en personas, ni en empresas, ni en gobiernos.

¡Me gustaría saber tu opinión! ¿Tú qué opinas de esta problemática?

Si te ha gustado este artículo, te dejo el enlace a otro en el que hablo sobre los ganadores y los perdedores de los tipos de interés negativos:
Intereses negativos: quién gana y quién pierde

Publicado en Economía

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